“Del sol siguiendo la postrera huella,

dispersas al ocaso, aquí y allí,

asomaban, con luz trémula y bella,

hacia el oriente, alguna y otra estrella

sobre un fondo turquí.

Ningún rumor o voz o movimiento

turbaba aquella dulce soledad;

sólo se oía susurrar el viento

y oscilar, cual péndulo, tu aliento

con plácida igualdad.”

José Eusebio Caro

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