Ellos tienen una manera tan bonita de amarse que cualquiera se antoja de casarse pronto, se arreglaron en casa, juntos, sin atender a las tradiciones convencionales que hablan de que el novio no puede ver a la novia antes de la boda, así que él estaba ahí, planchando de manera cotidiana su camisa mientras ella pasaba por el pasillo con un café, luego a la ceremonia católica en la conocida Iglesia de la Curia, todo muy familiar, después salimos para Green Hills, compartieron un café recién casados en Aminta, un lugar emblemático de la Tunja metropolitana, y para finalizar, la cena, y así, sin más, sin tanto protocolo y de manera demasiado bonita, se casaron Mónica y Leandro, una boda que me dejó muy lindos recuerdos.

Viendo la proyección de fotografías que edité el mismo día.

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